25. CHISTES DE CORNUDOS

9 Sep

01. Estaban dos hombres en el cielo y uno le pregunta al otro:
¿Y vos de qué moriste?
Congelado, ¿Y tú?
De la risa.
¿Cómo que de la risa?
Sí, es que yo pensaba que mi esposa me estaba engañando con otro hombre, entonces un día le dije que iba a salir por 2 días, pero cuando me fui, regresé ese mismo día para ver si la atrapaba con el otro hombre. Cuando llegué, busqué por toda la casa y no encontré a ningún hombre. Dándome cuenta del error que había cometido empecé a reír y reír hasta que morí.
¡Bruto, si hubieras buscado en la nevera nos hubiéramos salvado los dos!

02. Dos obreros de la construcción conversan durante el almuerzo:
¿Sabes quién es Miguel de Cervantes?
Pues no…
¡Qué tonto eres! Deberías ir a la nocturna.
Al día siguiente, el primero vuelve a preguntar:
¿Sabes quién es Albert Einstein?
Pues no…
¡Qué tonto eres! Deberías ir a la nocturna.
Otra vez, siguiente día, el mismo obrero pregunta:
¿Sabes quién es Karl Marx?
Pues no…
¡Qué tonto eres! Deberías ir a la nocturna.
Entonces el otro, ya harto, le dice:
Y tú, ¿sabes quién es Pedro Toro?
Pues no…
¡Qué tonto eres! Es el tipo que se acuesta con tu mujer, mientras vas a la nocturna.

03. Estaba una pareja durmiendo, de pronto la mujer escuchó un ruido en la entrada y se levanta asustada diciéndole a su pareja:
– Levántate que ha llegado mi marido.
El hombre se levanta apresurado, cuando se logra poner el pantalón se tira por la ventana tratando de escapar, a los cinco minutos regresa al cuarto donde estaba la mujer y le dice:
– ¡Tonta, si tu marido soy yo!.

04. Había un señor que iba a tirarse del decimo piso de un edificio, en eso, llega su mujer, que lo ve a punto de tirarse y le grita:
¡Oye estúpido, yo te puse cuernos, no alas!

05. En un pueblo en donde las mujeres eran muy infieles, el cura del pueblo ha impuesto la moda de decir me cai del puente, con lo que todos los habitantes del pueblo asociaban a infidelidad, cuando un cura nuevo llegó y las mujeres iban a confesarse por caer del puente el cura fue a quejarse con el alcalde quien se echó a reir, y el cura sólo apuntó a decir:
No se ría tanto, que su mujer es de las que más se cae.

06. Había un señor que al salir de su casa para tomar el transporte público siempre le decía otro hombre:
Adiós, cornudo.
Y él no entendía nada, así pasaron 5, 6, 7 días y lo mismo.
Entonces, el señor le dice a su esposa:
Oye, sabes que todos los días un hombre me dice: “Adiós Cornudo”.
Y al siguiente día cuando salió de la casa el mismo hombre le dijo:
¡Encima de cornudo, chismoso!

07. Un amigo a otro le pregunta:
Oye Pedro ¿te gustaría ver a una mujer siéndole infiel a su marido?
Sí, Juan me gustaría.
Pues bien, llega 2 horas más temprano a tu casa hoy.

08. Un hombre entra a su casa, sube las escaleras y entra a su cuarto, allí encuentra a su mujer apenas vestida, semi tapada con una manta y un poquito exaltada.
El hombre, un poco ingenuo, le dice:
Amor, ¿estás bien? ¿tenés un ataque?, amor, ¿qué te pasa?, amor…
En ese momento entra uno de sus hijos, y le dice al hombre:
Papá, en el placard hay un cuco.
El señor va a ver, llega hasta el placard y abre la puerta, y adentro encuentra a su mejor amigo, y le dice:
Ay Juancito, mi mujer con un ataque, y vos asustándome a los pibes.

09. ¡Hola compadre! ¿Qué le pasa que lo veo pensativo?
A lo que éste le responde:
Es que me dijeron viejo cornudo.
Y el amigo le responde:
Tranquilo compadre, si no estás tan viejo.

10. Un señor llega de la cena de su empresa con una borrachera de campeonato, entra en su casa repasando para hacer ver que se encuentra bien:
Esta es la puerta de entrada a mi casa,
Esta es mi cocina,
Esta es la habitación de mis niñas,
Esta es mí habitación,
Esta es mí lámpara que está en mí mesita,
Esta es mí mujer, y el que está a su lado, ese, ese, ¡soy yo!

11. Eran dos maridos engañados, compadres entre ellos. Cada uno sabía lo de su compadre pero no lo suyo. Ambos querían informar al otro de su mal, pero la tarea era muy delicada y difícil. A uno de ellos se le ocurrió una forma sutil de hacerlo; se fue a un matadero y consiguió una cantidad considerable de cuernos, llenó una bolsa, se fue a casa de su compadre y la derramó frente a la puerta. El hombre de la casa salió y le dijo:
Hola compadre, veo que acaba de recortarse.

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